jueves, 12 de julio de 2007

Las putas ¿irán al cielo?

Como estoy de vacaciones me ofrecí a acompañar a mi abuelo al médico, hicimos un viaje de una hora en ómnibus así que aproveché para hacer algo que me gusta mucho y escucharlo contar cosas de su vida.



Voy a reproducir acá una de las historias que me contó, seguramente sin la gracia con que él lo hizo pero es algo que no quiero que se pierda de mis recuerdos.



A fines de los años 4o mi abuelo compró un auto Mercedes Benz. Había conseguido una patente de taxi y recorría los campos de la zona llevando parturientas, haciendo de taxi flet, acarreando familias de un lado al otro.

Con el nuevo coche, habían solo dos en el departamento y había que pedirlos especialmente a Alemania, era famoso en la comarca y el negocio prosperaba.

Al poco tiempo de tenerlo se presentaron en su casa dos jóvenes de plata de la capital que habían echo el negocio del año. Habían comprado una fábrica de jabones fundida y necesitaban recorrer, buscar y en lo posible encontrar a alguno de los acreedores de la misma para recuperar la inversión.

Así salieron los tres a recorrer el Uruguay, llegaron a todos los pueblos del país.
Visitaron los pueblos, y también todos y cada uno de los prostíbulos que encontraban.

Cuando llegaron a Río Branco eran cerca de las dos de la mañana, el pueblo estaba a oscuras y tranquilo. Mi abuelo conociendo ya las preferencias de sus pasajeros intentaba ubicarse para llegar al bajo.
Por la acera vio acercarse una figura que dio por sentado era la de un trasnochador que sin dudas conocería los placeres de la noche.
Arrimó el auto a la vereda, bajó el vidrio y preguntó "por dónde queda la casa de las mujeres que fuman".

No pudo oír la respuesta, si es que la hubo, un terrible golpe en la cabeza se lo impidió. Cuando se recobró de la sorpresa y mientras la figura se alejaba por la calle comprendió lo ocurrido. El hombre de la noche era el cura párroco que venía de una sala velatoria que estaba por allí cerca.

1 comentario:

Rubia Lulú dijo...

Qué ganas de volver a tener un abuelo y que me cuente su vida.
Besos,
Lulú.